lunes, 6 de diciembre de 2010

CONVIVENCIA REALIZADA, una nueva perspectiva para la comunidad de familia marista

AGRADECEMOS AL SEÑOR, A NUESTRA BUENA MADRE,
Y A SAN MARCELINO
POR EL EXITO EN ESTA REUNIÓN.
A LOS HERMANOS DE LA PROVINCIA DE MEXICO CENTRAL, EN ESPECIAL A LOS ENCARGADOS DE SAN JAVIER, Y A LOS HERMANOS
FERNANDO MEJIA, JORGE CARVAJAL Y ENRIQUE RUIZ,
QUE PARTICIPARON CON NOSOTROS,
GRACIAS POR TODAS LAS FACILIDADES PARA NUESTRO
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TERCER ENCUENTRO NACIONAL MARISTA EN QUERETARO
CELEBRADO LOS DIAS 3 , 4 y 5 DE DICIEMRBE DE 2010.
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RESEÑA Y COMENTARIOS
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Todo empezó conforme a lo planeado, la tarde del viernes en la que nuestros compañeros fueron llegando a "San Javier"... unos llegaron con sus familiares otros solos, y se instalaron en los viejos dormitorios.
Después del registro que permaneció abierto todo el tiempo, los compañeros empezaron a acudir a la pequeña plaza localizada enfrente de la capilla, en donde se organizó una fogata y todos empezaron a reunirse y a intercambiar recuerdos, experiencias, chistes y canciones, eramos como unos 40 que soportando el frío prefirieron compartir una hermosa velada.
Desde esa misma tarde estuvo presente con nosotros NUESTRA SEÑORA DEL PUEBLITO, quien nos visitó por medio de una imagen viajera, que nos prestaron directamente de la comunidad franciscana del convento del pueblito, la cual fue colocada en la capilla y presidió todas nuestras actividades.
Era una imagen de bulto, pequeñita, con un niño jesús, con vestidos bordados de oro y pedrería y unos hermosos rostros.
El sábado, a las diez en punto, dieron inicio las conferencias en la capilla, fue precisamente MIGAROL quien nos dio la bienvenida a nombre del equipo organizador queretano, cedió la palabra a BR.REY quien hizo lo propio en nombre de toda la comunidad de "antiguos hermanos". Calculamos que se nos reunimos un total de 65 compañeros "son contar a las mujeres y los hijos y familiares que también nos acompañaban
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La primera platica estuvo a cargo del Hno FERNANDO MEJIA, provincial saliente, quien inició su intervención en nombre y representación del Hno Ricardo Reynoso, quien no pudo asisitir por haber recibido visita de algunos hermanos de la Casa General. Fernando inició llamándonos "¡hermanos!" con todo el valor y significado que tiene para nosotros esta palabra.

Nos habló sobre el Capítulo XXI General, y el presente y futuro de la Congregación.
UN CORAZON NUEVO PARA UN MUNDO NUEVO
- Una llamada universal a la conversión
- Reconcentrar la acción en los niños, los jovenes y los pobres, a nivel de vivencias
- Conciencia internacional: misiones y reorganizacion regional de los trabajos
Dos actitudes basicas: la actitud de María: "de prisa"; y para un mundo nuevo y una tierra nueva
IDENTIDAD: volver a la Espiritualidad original:
- el Pesebre: actitud de apoyo incondicional a los pobres
- la Cruz: actitud de solidaridad
- el Sagrario: solidaridad con todos los que nos rodean
de los que se deruvan:
la castidad de un corazón idiviso centrado en el amor a Jesús,
la obediencia al carisma,
la pobreza de compromiso solidario.
la estructura debe ser de abajo hacia arriba, donde los hermanos deben ver la forma que la estructura les ayude a poder cumplir con su misión (y no al revés privilegiando la estructura)
cada provincia deberá determinar sus propias lineas de acción.
la MISION
vision internacional, vision fraternal, desarrollo de la creatividad y la solidaridad
presencia significativa y maestros de la pastoral
modelos: el samaritano, la samaritana
formas nuevas y creativas de educación y de evangelizacion, creacion de REDES internacionales
Interesantes láminas y películas nos ilustraron.
En el espíritu de este capítulo el lema era SABER ESCUCHAR, sí , escuchar la voz del Señor en los acontecimientos, como también la voz de los Hermanos, la voz de los alumnos, la voz de nosotros mismos, la voz de la Iglelsia, que todo es la voz del Espíritu Santo.
Nos habló de la identidad del Laico Marista, la importancia de la vida espiritual, la misión que todos, Hermanos y antiguos Hermanos tenemos.
Nos dio interesantes noticias sobre el Instituto, y cómo había funcionado el Capitulo General.
Mucho agradecemos al Hno. Ricardo por habernos mandado al Hno Fernando a suplirlo, esto es un signo ineludible del interés que la Provincia tiene por este tipo de movimientos y que desea abrir las puertas de la Congregación para "caminar de prisa" como María en la misión del Señor. GRACIAS HERMANOS...
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La segunda "plática" corrió a cargo del Hno JORGE CARBAJAL, encargado de Laicos Maristas en la provincia, quien nos solicitó que nos trasladáramos a uno de los viejos comedores para poner en práctica una dinámica, en la cual todos dimos respuesta en pequeñas mesas de trabajo a la pregunta: para tí ¿que es lo esencial de tu experiencia marista?...
1) Tenemos todos el Sello Marista en las entrañas, que se "mamaron" de los Hermanos que nos formaron
2) Tenemos diversidad de apostolados, pero en todas partes donde los ejercemos lo hacemos "a lo Marista"
3) La devoción a María y al Padre Champagnat nos animan
4) Hemos experimentado en medio de nuestras carencias y problemas cotidianos, la existencia de Un Cristo Real que nos acompaña, nos lleva de la mano, nos inspira a través del Espíritu Santo en la vida. Tenemos que saber "escucharlo". Así vamos haciendo nuestra historia.la historia que el Señor quiere.
5) Nos sentimos ahora como UNA FAMILIA, y nuestra intención es formar grupos de fraternidades, en los lugares donde estamos, para continuar creciendo en espiritualidad, fraternidad, y apostolado seglar.
Una vez compartidas las respuestas, procedió a darnos sus comentarios y reflexiones con respecto a la vida y la visión marista y de las fraternidades.
Muy interesantes resultaron las dinámicas y sus conclusiones, y agradecemos al Hno. Jorge el habernos visitado. Dios lo bendiga también en su labor como encargado de los Laicos Maristas, y le estaremos dando lata para continuar con nuestra misión
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La tercera intervención estuvo a cargo de REYNALDO MANERO, quien de nuevo en la capilla, nos dio santo y seña de la historia de los movimientos laicos maristas, dentro y fuera de nuestra provincia, invitandonos a participar en estos grupos.
El nos habló sobre las Fraternidades Maristas en México y en el Mundo.... datos proporcionados directamente por los Hnos. Pau Fornell y el Hno. Javier Espinosa y coordinadores del Secretariado General para los Laicos Maristas, en Roma
FRATERNIDADES EN EL MUNDO MARISTA
(CANTIDADES APROXIMADAS)

CANADA Y USA 12 FRATERNIDADES
MÉXICO 18 FRATERNIDADES
AMERICA CENTRAL 23 FRATERNIDADES
SUDAMÉRICA 42 FRATERNIDADES
BRASIL 36 FRATERNIDADES
AFRICA 5 FRATERNIDADES
ASIA 4 FRATERNIDADES
EUROPA 65 FRATERNIDADES
MEDITERRANEO 30 FRATERNIDADES
IBERIA 10 FRATERNIDADES
BUENO EN TOTAL SE CONSIDERAN 260 FRATERNIDADES CON 2800 MIEMBROS

Países donde está implantado el MCHFM:
Canadá, México, Haití, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Puerto Rico, Cuba, Colombia, Venezuela, Ecuador, Chile, Bolivia, Brasil, Argentina, España, Italia, Francia, Grecia, Bélgica, Alemania, Siria, Tanzania, Madagascar, Singapur y Filipinas. En total, TOTAL: 26 países.

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Para esto, al terminar, eran practicamente las tres de la tarde, por lo que solo hubo un breve receso y se procedió a pasar a la comida.
La siguiente actividad fue la Eucaristía, que concelebraron el padre LUIS ARAUJO (exalumno de la prepa del Queretano y hermano de otro antiguo junior) y el diacono GOMEZ TAGLE, la ambientación musical estuvo a cargo de MANUEL REYES y un grupo de violin, flauta y dos cantores profesionales.
El tema central de la misa fue en torno a la actitud de Juan el Bautista, el predecesor, cuya actitud es fundamental entender para vivir esta etapa de Adviento-Conversión, preparatoria a la Natividad del Señor.
Después de la misa acudimos al comedor para cenar... las "sobrinas imperiales"
El tercer dia se inició en por un evento llevado a cabo en las instalaciones del Molino de San Antonio, al otro lado del rio, en el edificio que ahora ocupa la Universidad Marista. Ocupamos la antigua capilla para dar lugar a la "clausura" que en realidad fueron unas palabras dirigidas por el HNO ENRIQUE RUIZ y una serie de comentarios en cascada de manera libre, muy interesantes comentarios, muchos propósitos surgieron , y para despedirnos de María no faltaron los cantos de la Salve Regina y el Sub tuum praesidium, una vez más.
Para cerrar con broche de oro, se llevó a cabo la toma de la FOTO oficial, y como colofón una plattica del SEÑOR CONTADOR JOSE SOSA, marista de corazón, exalumno del Queretano, sobre la historia del Molino.

Pero faltaba todavía un detalle más, regresar en peregrinación la visita a la Virgen del Pueblito y su santuario, participando en la Eucaristía en el Convento Franciscano del lugar. Ofició la misa el Rdo OCTAVIO LUNA ALVAREZ, doctor en teología, y superior del convento, él fue el que nos concedió la salida de la Virgen Peregrina a nuestra Capiila en San Javier, algo que difícilmente se concede, y después la comida en la huerta del noviciado de los Franciscanos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

LA FRATERNIDAD BASILIO RUEDA

A su regreso de Europa, al terminar su servicio como Superior General, el Hermano Basilio, hoy Siervo de Dios, tuvo entre sus propòsitos más importantes, el consituir en México un movimiento totalmente laico, para lelo a la vida de las escuelas a través del cual se pudiera expandir el carisma de Marcelino hacia todos los ámbitos de la vida cristiana, en particular la FAMILIA.

Con ese propósito, empezó por invitar a todos sus amigos: exalumnos, padres de familia, profesores de los colegios, etcétara y por supuesto, dentro de este grupo estaban los viejos compañeros que un día habían pertenecido a la Congregación.

Este maravilloso grupo se integró de una manera casi "natural" bajo la potestad del carisma asumido por el hno Basilio, y se sentaron las bases para lograr un trabajo fructífero y actual, lleno de compromiso personal, de reencuentro con la vocaciòn personal y con el estilo Marista. Se trataba del Movimiento Champagnat de Familia Marista.

Después de que Basilio partió hacia el Padre, el grupo continuó trabajando, madurando y fortaleciéndose. Este grupo adoptó el nombre de "Fraternidad Basilio Rueda", y posteriormente, las reuniones en vez de ser en la Quinta Soledad, pasaron a realizarse en el Colegio Mèxico de Mèrida 50... así también se integró la Fraternidad Juan Pablo II, en el Instituto México.

Hoy, habiendo entrado al siblo XXI, después de que nuestro San Marecelino ha sido canonizado y en un contexto en el que la Iglesia se ha volcado hacia el trabajo de los laicos,

QUE SE PRETENDE HACER DENTRO DE ESTE MOVIMIENTO?

El Carisma de Marcelino Champagnat es Universal, y es preciso que llegue a todos cristianos. En sus orígenes fueron sus portadores unos jóvenes que fueron capacitados para ir a enseñar a otros jóvenes... Marcelino crea una estructura de FAMILIA para poder dar cohesión a su movimiento y a su ideal...; en la actualidad, se pretende nuevamente crear células desde donde pueda IRRADIARSE ese mismo carisma, y que funcione por medio de laicos que lleven a Champagnat a sus propias familias y a sus propios ambientes y espacios de trabajo, diversión y cultura.
Las fraternidades funcionan cuando un grupo de personas con diversos intereses, formaciones, obligaciones y espectativas, descubren un comùn denominador, en el encuentro con el carisma de Marcelino.
Los pasos par aaprovechar este llamado son muy sencillos, hay que conocer a los demás miembros de esa comunidad, hay que descubrir cómo ellos encontraron a Marcelino, y hay que compartir lo que de Él se ha recibido y aprendido... y ya que son los hermanos maristas, los depositarios "oficiales" del carisma, es preciso que se actúe bajo la directiva y en perfecto acuerdo con un representante de la congregación... por supuesto que la aplicación para la vida diaria será responsabilidad de la propia fraternidad, los hermanos no pueden tener la visión que tenemos los seglares, porque no tienen las obligaciones del matrimonio, de los hijos, el trabajo, la vida politica y social etc.
El "carisma" ha sido estudiado, desagregado, analizado y practicado por 200 años.. PERO en esta nueva etapa del mundo en que vivimos, es necesario APLICARLO... la juventud ha cambiado, los medios de comunicación, la computadora, las sociedades, la forma de vivir la vida se trasforma de manera vertiginosa, pero los principios que rigen el corazón humano son los mismos.
La primera misión de las fraternidades es en sevicio de la Iglesia Local... es decir de las respectivas Parroquias... y en particular, mediante el fomento y fortalecimiento e integración de la Familia, la familia personal, con los hijos, nietos etc... y después accediendo al ámbito social de nuestra comunidad parroquial y diocesana.
La manera más eficaz, natural y directa de alimentarnos para esta misión es mediante LA VIDA SACRAMENTAL.. y la oración-meditación diaria... para complementar lo anterior, servirán las actividades de oración comuntaria y la intenciones dentro de la fraternidad.
Las reuniones de la fraternidad también tienen la finalidad de equilibrar y compartir nuestros conocimientos y experiencias sobre la vida actual de la Iglesia y de la Congregación... no estamos solos, toda la Iglesia es misionera, y tiene un compromiso pastoral que se revitaliza a cada momento, y nosotros, como seglares estamos obligados a ejercerlo en las más diversas actividades... a veces con el ejemplo, pero a veces con acciones específicas.
Por eso lo que se pretende es crear un MOVIMIENTO, no sólo es una cofradía o una hermandad, se requiere crear estrategias perdurables y acciones profundas que motiven y que irradien el amor. Bienvendos todos a este llamado al laicado marista.

¿QUE ES UNA FRATERNIDAD DE LAICOS MARISTAS?


En pleno siglo XXI, nuestra tendencia es a desaparecer las definiciones perfectas y definitivas, por eso, la importancia de los grupos denominados "fraternidades maristas" no está en su deficnición, sino en la VIVIENCIA que estos grupos son capaces de transmitir para quien se acerca a ellos.

Una identidad más clara para el laicado marista

La expresión “laico marista” o “seglar marista” es nueva en nuestro vocabulario, pero la realidad del laicado comprometido es algo que ha estado entre nosotros desde los tiempos del Padre Champagnat. Lamentablemente, nos ha costado bastante a todos reconocer el fenómeno. Lo mismo que le ha costado a la Iglesia dar nombre y definición a los hombres y mujeres que siguen la vida religiosa, la vida matrimonial o la vida célibe, trabajando y orando juntos unidos por un ideal y un carisma común.

Dejadme que os cuente una historia. Edward Sorin era un sacerdote miembro de la Congregación de la Santa Cruz. Él fue el fundador de una universidad de Estados Unidos conocida como Notre Dame. El centro, famoso hoy sobre todo por su selección de fútbol, debe sus comienzos a la perseverancia, los ingentes esfuerzos y el trabajo físico de Sorin y sus compañeros, que emigraron de Francia llevando en la mente el sueño de levantar una gran universidad en honor de la Bienaventurada Virgen María. Llevaron a cabo su tarea sin tardanza y el centro empezó a florecer.

Pero cierto día infausto, el 23 de abril de 1879 por la mañana, se desató allí un incendio devorador. En pocas horas el edificio principal de la universidad había quedado reducido a cenizas. En aquellos momentos muchos pensaron que las llamas habían consumido no sólo el trabajo material sino también el sueño de Sorin y sus cohermanos.

Pues no fue así. Después de inspeccionar las ruinas y de escuchar los sentimientos de la comunidad universitaria ante la devastación, el veterano sacerdote, de 65 años de edad, invitó a todos a entrar en la capilla, y allí les dirigió la palabra: “Cuando vine aquí, yo era un hombre joven que llegaba a esta tierra con el anhelo de edificar una gran universidad en honor de Nuestra Señora. Pero la hice demasiado pequeña, y Ella ha hecho que ardiera completamente para recordármelo. Así que mañana, en cuanto se hayan enfriado los ladrillos calcinados, la levantaremos de nuevo, más grande y más esplendorosa que nunca.”

¿Quién sino el Espíritu Santo podía ser el inspirador de aquellas palabras y de los hechos que siguieron? A la mañana siguiente, trescientos trabajadores se unieron a Sorin, y se afanaron dieciséis horas diarias, de tal manera que el edificio estaba enteramente reconstruido para la apertura del curso siguiente.

Si el Espíritu Santo se mostró activo en el campus de la Universidad de Notre Dame en aquella primavera de 1879, seguro que también tuvo que ver con los cambios que se produjeron tras el Concilio Vaticano II.

¿Dónde estaba el laicado antes del Concilio?

Desde la Alta Edad Media hasta el Concilio Vaticano II, la mayoría de los fieles aceptaba como cosa natural la escala jerárquica de los tres niveles dentro de la Iglesia, a saber, el estado sacerdotal, el estado religioso y el estado laical. Los que pasamos ya de los cincuenta años, nos acordamos muy bien de los tiempos en que nos enseñaban que el sacerdocio era la “llamada más sublime” en materia de vocación. Después venía la vida consagrada. Comúnmente se admitía que sólo los miembros de las órdenes religiosas, con sus votos, podían alcanzar la perfección espiritual. El estado laical, lamentablemente, se quedaba en un modesto tercer lugar. Muchos seglares, hombres y mujeres, que no habían sido llamados ni al sacerdocio ni a la vida religiosa, se sentían como ciudadanos de segunda categoría dentro de su propia Iglesia.

El Vaticano II echó por tierra este modelo de los tres niveles. Los padres conciliares hicieron esta declaración sobre la vida consagrada: “Este estado, si se atiende a la constitución divina y jerárquica de la Iglesia, no es intermedio entre el de los clérigos y el de los laicos, sino que de uno y otro algunos cristianos son llamados por Dios para poseer un don particular en la vida de la Iglesia”.

Mirando hacia atrás, nos damos cuenta de que, efectivamente, los que participaron en el Concilio afrontaron con decisión la tarea urgente y necesaria de redefinir el verdadero lugar del laicado dentro de la comunidad eclesial. En cambio, no fueron tan afortunados en sus esfuerzos por describir claramente la naturaleza y finalidad de la vida consagrada. El decreto Perfectae Caritatis, que nació de una manera difícil y complicada, se quedó muy corto a la hora de brindar a los religiosos el vigoroso empuje teológico que la Lumen Gentium había dado a los laicos.

Más recientemente, en la exhortación apostólica Vita Consecrata, Juan Pablo II manifestó que cada uno de los estados fundamentales que hay dentro de la Iglesia expresa uno u otro aspecto del misterio de Cristo. Por ejemplo, los laicos asumen el compromiso de asegurar que el mensaje evangélico sea proclamado en la esfera temporal.

Por su parte la vida religiosa, llamada a adoptar el propio estilo de vida de Jesús, tiene, en palabras del Papa, la responsabilidad de testimoniar la santidad del Pueblo de Dios. Ha de proclamar y, en cierto modo anticipar, una edad futura, en la cual el Reino de Dios llegará a su cumplimiento final. Es una expresión más completa de la misión de la Iglesia, a saber, la santificación de la humanidad. Así que, como hemos dicho, los padres conciliares sólo reflejaron dos estados de vida dentro de la estructura de la Iglesia, el sacerdocio y el laicado. Pero la exhortación Vita Consecrata, a pesar de sus limitaciones, volvió a recordar que son tres los que se dan dentro de la comunidad eclesial: el laicado, el sacerdocio y la vida religiosa. A raíz de ese documento, la vida consagrada recuperó su lugar en la Iglesia y encontró de nuevo las herramientas necesarias para comenzar a repensarse a sí misma de cara al nuevo milenio.

Un momento definitorio

El Concilio Vaticano II fue, por tanto, un momento determinante para el laicado católico al igual que para la vida religiosa. La proclamación de la llamada universal a la santidad que resonó en la asamblea estaba dirigida tanto a unos como a otros Por fin había una declaración expresa de que todos los cristianos están bautizados para una misión: la de proclamar el Reino de Dios y su inmanencia. Como resultado de las decisiones tomadas en el Concilio los laicos fueron moviéndose desde la posición de auxiliares a la de plenos asociados a la misión.

Laicado marista

El finado Juan Pablo II tenía la convicción de que la Iglesia de esta era acabaría siendo conocida como la Iglesia del laicado. Suponiendo que estaba en lo cierto, haremos muy bien en preguntarnos cómo podemos trabajar juntos los hermanos y los seglares para llevar mejor a cabo la misión del laicado en la Iglesia y el mundo de hoy.

El laicado marista no es sino una respuesta a esta pregunta. Reconocido más plenamente desde los años posteriores al Concilio, su fundamento descansa en la misión común y en la llamada profética que todos compartimos por el sacramento del bautismo. Pero esta vinculación va mucho más allá de la sola participación en el trabajo común; consiste en compartir la fe y el conjunto de valores comunes, centrados en el amor a Jesús y unidos en la experiencia colectiva de tener a Marcelino Champagnat que gana nuestros corazones y se adueña de nuestra imaginación.

Más aún, la estrecha asociación con los que comparten nuestra vida apostólica es una característica de la identidad marista, y damos así testimonio de que nuestra Iglesia puede tener una eclesiología de comunión. Ese testimonio es hoy más importante que nunca.

Con demasiada frecuencia en el pasado, las acciones de la Iglesia han reflejado una eclesiología basada en el poder y la categoría, verdadera antítesis de los principios evangélicos. Como hombres y mujeres que compartimos un carisma común, estamos llamados a testimoniar con nuestra vida y trabajo que las cosas pueden y deben ser distintas.

A nadie tiene que sorprenderle esto. Como antes he dicho, entre los muchos dones que nos vinieron de la mano del Concilio uno era la constatación de que el carisma del fundador pertenece a la Iglesia y no sólo a los hermanos. Por consiguiente, nuestros seglares hoy son un reto a la noción de que el carisma es un tesoro que pertenece sólo a los hermanos. Cada uno de los miembros del laicado marista tiene su historia personal que contar, ha recorrido su propio itinerario de fe, y cuenta con una experiencia única del fundador y de su espiritualidad.

Si hemos de escuchar esas historias, oír esos relatos de fe, y llegar a apreciar con más plenitud las muchas experiencias de Marcelino y su espiritualidad que se dan alrededor de nosotros, será bueno que compartamos lo que tenemos en común y respetemos las diferencias que hay entre un hermano de Marcelino y un marista seglar.

Diferencias

Hay quien se siente incómodo cuando se habla de distinciones y teme que la palabra “diferencia” pueda llegar a significar más de lo que parece a primera vista y que nos lleve a establecer comparaciones. Y mantienen esta postura no sólo al referirse a los que son o no son laicos asociados sino también cuando se alude a la diferencia entre la vocación de un seglar y la de un hermano.

Pero negarse a ver las diferencias donde realmente las hay, nos priva de la naturaleza única y complementaria de ambas vocaciones, la del hermano y la del laico marista, y mina nuestra capacidad de comprender con claridad la identidad de cada uno.

Las diferencias existen y se ven en la Iglesia en general. Por ejemplo, el Espíritu de Dios inspira una diversidad de vocaciones, carismas y apostolados. La distinción de funciones es propia del modelo orgánico de la Iglesia. San Pablo lo expresaba de esta manera: “El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos”.

La diversidad también se da en la vida religiosa. Y sin embargo nadie sostiene que los institutos cuyos miembros se dedican a la enseñanza sean mejores que los que orientan su apostolado al cuidado de los enfermos. Lo mismo vale cuando nos referimos a institutos religiosos de origen antiguo o moderno, mendicantes, contemplativos, apostólicos, clericales, laicales, o mixtos.

Al discutir sobre las semejanzas y diferencias que hay entre los Hermanos de Marcelino y los seglares maristas, es preciso que acojamos no sólo lo que compartimos en común, sino también las cosas en que diferimos.

Corresponsabilidad

Para impulsar el laicado marista hoy tenemos que ser hermanos entre nosotros y con los que participan en nuestra misión. Lo cual nos lleva a escucharnos y aprender los unos de los otros, compartir nuestra herencia espiritual y apostólica, y fomentar la actitud de cooperación.

Por lo tanto, cuando hablamos de “nuestros” apostolados , nos estamos refiriendo a una estrecha vinculación entre los hermanos de Marcelino y el laicado marista. Ya es hora de que demos un paso adelante, y en lugar de a invitar a los seglares a que nos ayuden en la tarea lleguemos por fin a considerarlos verdaderos corresponsables de ella.

No son pocas las Provincias en las que, en estos últimos años, algunos laicos, tanto hombres como mujeres, han asumido puestos de responsabilidad en ese trabajo. Nosotros los hermanos estamos llamados a prestarles nuestro apoyo mediante una formación marista, con el testimonio de nuestra vida religiosa, y con el impulso de nuestros valores apostólicos. Al acompañar a los laicos para sigan más plenamente su llamada personal en la vida, seremos más conscientes de la gracia de nuestra propia vocación como hermanos.

Planificación futura

Cada vez en mayor medida, nuestros compañeros en la escuela y en otros campos, los ex alumnos, los que fueron miembros comprometidos del Instituto durante un tiempo junto con sus familias, los hombres y mujeres que pertenecen al Movimiento Champagnat de la Familia Marista, los voluntarios seglares, nuestros estudiantes, y otros muchos, están redescubriendo la espiritualidad de Marcelino. El hecho de que haya tantos que siguen encontrando en esa espiritualidad una fuente de inspiración, testifica su continua vitalidad y la fuerza que tiene para animar nuestros apostolados.

Hoy, sin embargo, podemos dar un paso más allá empezando a establecer redes entre los que llevan a cabo un apostolado marista. Ya se trate de la educación en un centro escolar, o el desarrollo de un plan de alfabetización entre marginados, o la labor con los niños de la calle, o la enseñanza del catecismo, o la participación en cualquier otra tarea marista, esa red proporcionaría a todos los que tienen esa vinculación un gran apoyo personal y espiritual.

La forma de estas redes maristas variará dependiendo de los lugares. Llegar a conseguir el modelo más adecuado exigirá amplia consulta, debate sincero y una cuidadosa toma de decisiones, pero estoy convencido de que la existencia de dicho modelo nos ayudará a contribuir con una peculiar aportación marista peculiarmente marista a la nueva evangelización de los jóvenes que ahora estamos emprendiendo.

Así que, pongámonos en pie y a caminar. No me imagino un tiempo mejor en la historia para vivir, ni una época más interesante en nuestra Iglesia que ésta. Tenemos que contemplar el mundo con la mirada de aquel sencillo cura de aldea y padre marista que fue nuestro Fundador. Mientras otros se preguntaban por qué las ideas innovadoras que ellos tenían no llegaban a realizarse, él en cambio soñaba y asumía todos los riesgos para llevar esos sueños a la vida. Que Dios os bendiga a todos. Y que María y Marcelino sean vuestros compañeros ahora y siempre

Seán D. Sammon, FMS